Luis García y Marta Sanz nos desvelan las lecturas que marcaron su infancia

Para poder escribir, primero hay que leer, empaparse de los nombres, lugares, personajes y miles de páginas que nos trasportan a otros lugares a través de los libros.  Una suma de títulos que, una vez leídos y por algún motivo, se quedan para siempre dentro y que dejaron su huella en las composiciones de los escritores de hoy.  

Así l explicaron ayer los escritores Luís García Montero y Marta Sanz en un conversatorio en el que invitaron a los asistentes a viajar en el tiempo para entender las experiencias que, como lectores, marcaron su juventud y les ayudaron a convertirse en los escritores que son hoy. El conversatorioLecturas que marcaron mi infancia ha tenido lugar en el auditorio de CentroCentro del Ayuntamiento de Madrid en el marco del Festival Celebremos Iberoamérica (CIBFest) que está teniendo lugar en Madrid entre el 18 y el 29 de septiembre.

Mariano Jabonero, secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), dio comienzo al evento recordando que en Madrid hay más de un millón de madrileños que son hijos de latinoamericanos, y que, por ello, y porque la OEI cumple 70 años, era necesario celebrar esos datos, celebrar la diversidad y llevar a cabo Celebremos Iberoamérica.

«Escribir es el primer acto de rebeldía contra la muerte”

Durante el conversatorio, Luís García Montero (Granada, 1958) comenzó explicando que los escritores, antes de ser escritores, han sido lectores y que fueron las lecturas infantiles las que consiguieron contagiarles para dedicarse a su profesión. También destacó que las lecturas infantiles son esenciales para el desarrollo de la vocación, ya que forman una raíz y una base de la que después va surgiendo el relato.

Recordando a Sherezade, Montero dijo  que contar es el “primer acto de rebeldía contra la muerte”, rebelarse contra aquello efímero, que desaparece. García Montero expuso a continuación que es poeta porque su padre le leía Mil poemas de la lengua castellana cuando era niño y que sintió la experiencia del relato humano a través de la voz de su padre. Esos poemas fueron sus novelas de aventura. La primera vez que escribió, recordó, lo hizo para ponerle un final distinto al poema El Tren Expreso, de Ramón de Campoamor.

García Montero trasladó al público asistente al conversatorio las vivencias de su juventud en su ciudad natal, Granada. Era el mayor de seis hermanos, por lo que la frase que más oyó de su madre era “6 hijos y todos varones”. También contó que, de pequeño, se coló en la biblioteca de sus padres y se encontró con la colección de obras completas de Aguilar. Allí encontró las obras del poeta de su ciudad, Federico García Lorca, “ejecutado 21 años antes de que yo naciera”, recuerda. En la obra de Lorca, encontró un mundo que iba más allá de la realidad, un mundo de metáforas que le hablaba de algo más.

El escritor terminó su intervención explicando la razón que le había hecho dedicarse a escribir: la ciudad por la que caminaba todos los días estaba llena de sombras y ausencias y de ella aprendió que dedicarse a la literatura y escribir era “ajustar cuentas con la realidad”, recuperar sombras y ausencias que se han ido, por el paso del tiempo o porque alguien ha querido borrarlas.

“La voracidad lectora se despierta al darte cuenta de que no lo entiendes todo, pero que quizás algún día lo entenderás”

Por su parte, Marta Sanz (Madrid, 1967) comenzó agradeciendo al secretario general de la OEI la oportunidad de participar en este conversatorio dentro de Celebremos Ibeoramérica y contando, entre sonrisas, que el hecho de que ella sea escritora es “casi un milagro” porque cuando su madre le enseñaba a leer, ella estaba obcecada con las letras y no conseguía avanzar. Sin embargo, tuvo la suerte de crecer en una casa con muchos libros y de que su familia y abuelos creyeran en la importancia de la cultura.

Sanz recordó escuchar a su madre dialogando con las novelas, por ejemplo, Madame Bovary. Esa manera de leer tan vital le marcó y le hizo tener una idea vivificada de la literatura.  Por ello, afirmó que su manera de escribir es de una  sensorialidad líquida, sobre los asuntos de la carne. Entre risas, recordó que su madre tenía un poema suyo guardado de cuando tenía cuatro años. “Se llamaba “Valentina, tienes nombre de traidora”.  En este sentido, añadió que es muy importante, cuando se empieza a leer, no bloquearse por no entender todo lo que se lee, pues la voracidad lectora se despierta al darse cuenta uno mismo de que no se entiende todo, pero que quizás algún día se entenderá. La creación del hábito de la lectura es muy importante, puntualizó, así como familiarizarse con ese misterio, que luego se incorpora a tu metabolismo y formas de ver el mundo.

La escritora contó que, cuando era pequeña, observaba los lomos de los libros y los títulos en el lomo y, para empezar a leer, elegía los libros más delgados, que fueron sus primeras lecturas junto con los tebeos de “Flash Gordon”.

Cuando dio el salto a la literatura con más “enjundia”, leyó libros finitos. Recordó entre otros, “Las ratas “de Delibes, “La Tregua” de Benedetti, y “El Lazarillo de Tormes”, pero algo que para ella fue fundamental fueron los comentarios de texto de Azorín.

Para terminar el conversatorio, Sanz destacó los tres libros que hicieron que se convirtiera en escritora, la novela “Otra vuelta de tuerca” de Henry James, revivir el paso de la adolescencia a la juventud a través de “El bello verano” de Cesare Pavese y la novela erótica de “El Amante” de Marguerite Duras. Estos libros le enseñaron que la palabra se puede usar como un cristal que corta y que la invención literaria tiene mucho que ver con contar su propia vida, combinar las palabras y conversar.

CIBFest - Lecturas que marcaron mi infancia