Lectores de niños, escritores de adultos: las raíces del amor por los libros

Los libros de cuentos e ilustraciones que están en casa, las letras de canciones y las primeras referencias a temáticas como la muerte o el conflicto son algunas de las lecturas que impactaron durante las infancias de escritores como la española Christina Rosenvinge, el argentino Patricio Pron o el costarricense Byron Espinoza. Estos autores han recordado sus primeras experiencias con la narrativa en el conversatorio Lecturas que marcaron mi infancia, realizado este jueves en el marco del festival Celebremos Iberoamérica (CIB Fest), que del 18 al 29 de septiembre se desarrolla en la capital española.

En el encuentro, que se ha llevado a cabo en la sede del Instituto Cervantes, los tres autores han coincidido en que el factor que define las lecturas en la infancia y hasta la primera adolescencia es la biblioteca familiar, los cuentos que los mayores leen a los pequeños y la forma en que cada historia es asimilada, algo muy importante para que se genere en los niños y niñas el interés por buscar nuevos libros que leer e ir más allá.

El jefe del Departamento de Actividades Culturales del Instituto Cervantes, Ernesto Pérez Zúñiga, ha moderado la charla en la que Christina Rosenvinge ha confesado que sus primeras lecturas fueron los cuentos o las ilustraciones de la Biblia, pero que historias como El patito feo y después Las  mil y una noches marcaron realmente su primer acercamiento a las letras. “Hay algo llamativo en los cuentos que los hace trascender y es que son crueles: hay una interrupción de la normalidad, hay conflicto”, ha señalado. “La primera relación de los niños con los libros es con las palabras, cómo riman, en la repetición del sonido: ese es el primer impulso para enamorarse del lenguaje, ya después se enamoran de la historia, de cómo empieza y acaba”, ha reflexionado la también cantante que este año ha lanzado su primer libro Debut. Cuadernos y canciones (Penguin Random House, 2019).

Patricio Pron, Premio Alfaguara 2019 por su obra Mañana tendremos otros nombres, ha rememorado que debido a las lecturas de sus padres, sus primeros libros fueron de ideología comunista. En ese tiempo también le impactaban las letras de canciones populares, como las milongas camperas de su país, con las que sintió emociones que años después entendería que son las mismas que el escritor debe provocar en sus lectores. Asimismo, recordó que en su infancia los libros incautados por la dictadura militar tardaron años en volver a las librerías y bibliotecas, lo que le generaba interés por leer lo que había estado prohibido, por ejemplo, en su caso las obras de Henry Miller, entre otros.

Por su parte, Byron Espinoza, autor de poemarios como Silenciosa de luz (Editorial Osadía, 2006), ha recordado que sus lecturas empezaron gracias a su abuela Emilia, con las ilustraciones de la Biblia y comics como Kalimán o Memín Pinguín. Pero los cuentos de Oscar Wilde que le leían le abrieron la curiosidad y, aunque no considera haber sido un niño lector, fue el interés por saber más del país de origen de su padres (Nicaragua) por el que buscó los libros de Rubén Darío. Mientras tanto, en su casa coleccionaba los “periolibros” que se editaban en diarios de la región con novelas de autores latinoamericanos y a través de los cuales conoció a Juan Rulfo y Carlos Fuentes. “No conocía la literatura infantil y juvenil, no la leí entonces y después pensaba que eran diminutivos, pero cuando nace mi hija empiezo a leer esos libros y es cuando me surge una nueva infancia”, ha reconocido el costarricente, “aun a día de hoy algunos de esos libros los comparto con mi hija”.

Así, los cuatro autores han compartido sus recuerdos más íntimos sobre lo que son hoy las raíces de su amor por las letras, esos primeros cuentos, revistas y libros que se quedan grabados en el recuerdo de cada ser humano gracias a las ilustraciones, la imaginación, los lazos familiares y el afecto que se transmite a través de ellos.

CIBFest - Conversatorio " Lecturas que marcaron mi infancia"